BLOG DE RAÍZ SEFARDÍ

MIZMOR SHIR JANUKAT HA'BAIT


ב"ה

Mizmor Shir Janukat Ha'Bait 
Salmo 30

Te exaltaré, Oh Eterno, porque me has levantado de las profundidades, y no dejarás que mis enemigos se regocijen sobre mí. Oh Eterno, Dios mío, a Ti clamé y me sanaste. Oh Eterno, has levantado mi alma del mundo inferior, me has preservado para que no descienda yo al Abismo. 

Cantenle al Eterno, ustedes que son Sus Jasidim (sus devotos), y denle gracias a Su santo Nombre. Porque Su ira dura sólo un momento; pero la vida resulta de su placer; por la tarde uno se acuesta llorando, pero con el amanecer nace, ¡un grito de alegría!

Yo había dicho en mi serenidad, 'Yo nunca flaquearía'. Pero, Oh Eterno, fue solo Tu buena voluntad la que sostuvo mi grandeza con poder. Si tan sólo Tu ocultaras Tu rostro, estaría yo aterrorizado. 

A Ti, Oh Eterno, clamaría y a mi Señor apelaría. ¿Qué ganancia hay en mi muerte, en mi descenso al Pozo? ¿Acaso te reconocerá el polvo? ¿Hablará acaso de Tu Verdad?

Escúchame, Oh Eterno, y favoréceme; ¡Oh Eterno, sé mi ayuda!

Has cambiado para mí el lamento en danza (en gozo); Desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría. Para que mi alma te cante y no se calle,

Oh Eterno mi Dios, para siempre te daré las gracias.


EXPLICACIONES DEL SALMO 30

El Rey David compuso este Salmo para ser cantado cuando su hijo, Shlomo, dedicó el Templo. En el Talmud, Masejet Soferim, este Salmo se designa como el Salmo Diario de Janucá.

El Radak explica que la eventual inauguración del Templo por Shlomo representó la vindicación de David contra las burlas y acusaciones de sus enemigos. Si David fuera realmente un pecador condenado, como afirmaban, su descendencia no podría haber obtenido el privilegio de realizar el sueño de David de construir el Templo.

El Salmo capta la actitud de gratitud hacia el Dueño del Universo al concluir “para que mi alma te cante y no se aquiete; 

Oh Eterno, mi Dios, para siempre te estaré agradecido”.




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