BLOG DE RAÍZ SEFARDÍ

LA ESPERA

B"H

La Sala de Espera

Por Sarah Tzafona




¿Alguna vez te ha sucedido que viajaste 90 kilómetros para encontrarte con una amiga que vive a solo 3 kilómetros del punto de encuentro y te encontraste con que ella llegó 10 o 15 minutos tarde?


Frente a esta situación, no tienes más opción que esperar y, entonces, te preguntas cómo puede ser que tú que viajaste tantos kilómetros llegaste temprano, mientras que ella que vive tan cerca llegó tarde.


Seguramente, todos hemos tenido que esperar en algún momento u otro a una cita, resultados, que suene el teléfono y, también, hemos esperado buenas noticias. Esperar no es nada nuevo.


Nuestros ancestros tuvieron que esperar cuarenta años antes de entrar a la tierra que D.ios les había prometido.


Tuvieron que esperar a que se levantase la nube, que el agua brotara de una roca, y que el mana cayera al suelo.

Y cuando llegaron al final del recorrido a través del desierto, tuvieron que esperar un poco más a que Moshé recapitulara el viaje. Y ellos escucharon. Pero a diferencia de nuestros ancestros, nosotros parecemos no crecer durante los períodos de espera.


No queremos escuchar. Hemos perdido la paciencia cuando se trata de esperar. Pareciera que fuéramos incapaces de aprovechar el momento presente. No estamos arraigados en el presente, sino en un futuro nebuloso e incierto.


El Rebe nos enseñó que "el tiempo espera a que le demos vida. Los momentos se materializan súbitamente anticipándose a que le demos ese hálito de vida. Después de todo, para eso llegamos hasta aquí, para estar en este preciso momento, para que lo transformemos en un momento vivido, con significado, un significado vinculado a Aquel que creó el tiempo en sí mismo"1. Consideremos eso.


Cada minuto nos fue dado para que le demos significado, un significado marcado por Di-s. Cada minuto nos da la oportunidad de reparar en nuestro vecino, de sonreírle a un extraño o de disponer de tiempo para comprometernos en el voluntariado dentro de organizaciones de nuestra comunidad.


Y si todavía nos quedara tiempo para mirar al techo sin hacer nada, entonces, podríamos aprovecharlo para estudiar algo de la Torá.


¿Qué estamos haciendo con todo el tiempo que desperdiciamos, con el tiempo de espera, con el tiempo en que miramos el techo sin hacer nada o que caminamos inquietos por una habitación?


Se trata de darle una vuelta de tuerca a nuestras actividades diarias de forma tal que seamos conscientes de la presencia de Di-s en cada aspecto de nuestras vidas.


El Rebe también nos enseñó que "Abraham recibía cada día con todo su ser, y nosotros debemos hacer lo mismo".


Él dijo que "debemos luchar para hacer que cada momento sea un momento de vida". Al igual que Abraham Avinu, debemos darle significado a cada instante. Y si lo hacemos, esos momentos durarán para siempre.


Sin embargo, si no lo hacemos, entonces, "ese momento se transformará en aquel que nunca llegó a ser" 2 . Un momento que nunca llegó a ser; eso sí que es una verdadera pérdida de tiempo.





Por Sara Tzafona
Sarah Tzafona vive en British Columbia, la provincia Canadiense más al Oeste (en el Pacífico) donce trabaja en varios proyectos editoriales.

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